Interacción niños y perros
Varios estudios sobre comportamiento demuestran que la interacción de niños con animales produce beneficios emocionales y físicos muy fuertes.
Los niños con mascotas:
- tienen más alta autoestima
- adquieren habilidades para cuidar a otros, comprender su naturaleza y ciclos vitales
- desarrollan mejor la comunicación no verbal
Esta interacción del niño con su perro se hace parte de un proceso de aprendizaje basado en experiencias positivas, donde los episodios significativos en la vida del niño con su mascota, estarán relacionados afectivamente con su conducta futura y su interacción con otros seres vivos, especialmente personas.
Por otra parte a los beneficios emocionales que implica para los niños el vivir con mascotas, se suman estudios que indican que los pequeños que viven desde su nacimiento con animales domésticos tienen menor riesgo de padecer alergia común.
En una investigación publicada el 2002 en el Journal of the American Medical Association se realizó un seguimiento a 474 bebés sanos del área de Detroit (EE.UU), desde su nacimiento hasta los seis o siete años. De ellos 184 estuvieron expuestos en la infancia a animales y 220 no tuvieron contacto con mascotas. Los niños que vivían con perros o gatos tenían 50% menos probabilidad de desarrollar alergias, en comparación con los que no tenían ninguna de las dos mascotas en el hogar. La razón es que los niños que tienen animales domésticos como perros y gatos desarrollan un sistema inmunológico más fuerte.
Los padres deben tener la habilidad del trasmitir al niño que el respeto al perro y la educación de éste mejorará la convivencia de todos en casa.
El niño debe aprender y asimilar que:
-las travesuras que conllevan maltrato afectarán su relación de amistad con su mascota. Tiene que saber que debe cuidar de su amigo-perro porque el animal necesita su cariño.
-los juegos entre niños y perros deben siempre cumplir con los principios de seguridad, cuando se juegue con una pelota el niño debe saber que debe pedirle la pelota no quitársela bruscamente de la boca y si no la suelta, por ejemplo debe lazarle otra bien fuerte y comprobará como suelta la primera.
Los cachorros tienden a moverse mucho y pueden fácilmente caer desde los brazos de un niño, es por esto que hay que sentar al niño (de preferencia en el suelo) y entonces entregarle al perro.
Si el niño le entrega un juguete al cachorro, mientras lo toma se debe impedir que le muerda sus dedos y brazos ya que los cachorros tienden a morder todo.
Se debe incentivar a los niños a que le den agua y comida a los cachorros, con esto se incrementa la unión entre ellos. Sin embargo, no hay que olvidar que es el adulto el responsable del mantenimiento y salud del cachorro.
Los niños muy pequeños (entre 1 y 5 años) deben ser supervisados mientras manipulan un cachorro.
Si los niños tienen alrededor de 10 años de edad o más, deben participar en el entrenamiento de obediencia del cachorro.
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